Todos nos hemos sentido alguna vez en una «encrucijada». Es ese momento de la vida en el que tienes delante varios posibles caminos que prevés te llevaran por derroteros muy diferentes, con consecuencias muy distintas. En esa situación, tomar una decisión y dar los pasos necesarios para dirigirte hacia la opción elegida puede resultar más o menos difícil para cada cual. A veces pueden surgir los miedos, los bloqueos, las anticipaciones, los pensamientos negativos y demás boicoteadores que te impiden avanzar y decantarte por una alternativa. A menudo, si somos personas conservadoras, la consecuencia es que retrasamos nuestras decisiones hasta el máximo posible, buscando esa confirmación de que deberíamos tirar en una dirección u otra. Pedir consejo a conocidos, esperar alguna señal exterior que nos facilite la toma de decisiones, o decidir no hacer nada pueden ser otras de las posibilidades que nos planteemos.

En realidad, nuestra vida entera está llena de decisiones que tomamos de forma inconsciente, cada día, y con posibles consecuencias, casi sin percatarnos de ello. Entonces, ¿Por qué resulta tan difícil avanzar a veces? Aquellas decisiones que nos cuesta más tomar, a menudo están relacionadas con las asunciones que hacemos sobre la realidad. Anticipamos un desenlace basándonos en experiencias pasadas, pero también en nuestra propia visión de la realidad, del significado único que cada uno damos a lo que vemos y experimentamos, más que a lo que en realidad nos pasa. De las explicaciones que nos damos de las cosas, en definitiva.

Un ejemplo típico es que en el trabajo nos propongan para un puesto que supone un ascenso, en otra ciudad. Mientras que algunas personas por sus circunstancias, su carácter y el planteamiento que se hacen, esta sería considerada una oportunidad, una recompensa al trabajo bien hecho, y una posibilidad de expandir horizontes, para otros sería una fuente de preocupación, miedo a perder su lugar en su puesto actual, el temor a lo desconocido, o a no saber adaptarse a la nueva situación. Más allá de si aceptamos el puesto de trabajo o lo rechazamos, lo que nos condiciona a largo plazo es la explicación que le hemos dado a los acontecimientos. Bien podemos sentirnos honrados y declinar la oferta, o aceptarla con la sensación de que no tenemos otra opción, pero cómo nos afecte la decisión va a ser muy diferente en uno u otro caso.

Aquí van 6 tips para ayudarte en la toma de decisiones:

– Nadie mejor que tú sabe lo que te conviene. Pedir consejo es válido, pero que la opinión de los demás nunca tenga más peso que la tuya. Recuerda: Eres tú quien va a vivir con las consecuencias de lo que decidas.

– A veces ayuda hacer una lista de pros y contras para cada una de las opciones.

– Casi ninguna decisión es definitiva en la vida, y casi todas las cosas que decidimos hacer al final, tienen una parte positiva en la que podrás apoyarte cuando ya esté hecho.

– No existe una decisión correcta y otra incorrecta. Existe aquello que se decide, y existe decidir cada día que uno lo hizo de la mejor manera que pudo con los elementos con los que contaba en ese momento.

– Pase lo que pase, recuerda que nadie tiene derecho a reprocharte la decisión que tomaste, siempre desde el respeto a los demás y el derecho a elegir sobre la propia vida.

– Darse una tregua y salir del entorno habitual, hacer una escapada, un viaje, o ponerse un plazo de unos días para no pensar en ello, y retomarlo después con una visión nueva, puede ayudarte a cambiar el observador de la realidad que eres, y descubrir cosas que no estabas teniendo en cuenta.

Espero que este post te haya gustado. Y tú, ¿qué haces cuando estás ante una decisión complicada?